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La Coctelera

Charlas con un misántropo

Un pesimista es un optimista bien informado

18 Agosto 2011

Charlas con un misántropo. Un día de lectura de periódico.

17 Noviembre 2010


-La Sinde pide a los actores que dejen de hablar de lo que no saben-le dice al misántropo su amigo, desplegando el periódico.

-¿A qué se refiere?

-A lo del Sáhara...

-Vaya-responde el misántropo-. Como la cosa siga así incluso nos van a quitar el voto, aunque empieza a no servir para nada; hacen lo que quieren...

El amigo ríe por lo bajo:

-No debería olvidar que ella defendió las corridas de toros reconociendo que no entendía de la cosa.  Y si me apuras ¿no hablan de socialismo?

El misántropo ríe con gusto.

-Exacto, y te aseguro que si fuera sobre Chechenia, Georgia o el Tibet opinaría que la cuestión de los derechos humanos es un asunto universal para el cual están capacitados todos, incluidos los niños de pecho.

-Otra-murmura el amigo-, jaleo porque en un colegio quieren quitar de las aulas a la Virgen.

-Mmm, quizás el error está en querer quitar. Yo propondría poner al lado al último Presidente de la República, a ver qué dicen los marianistas.

-Se opondrían, sin dudarlo-exclama el amigo.

-Bueno, entonces veríamos quiénes son los intolerantes y los exclusivistas.

Ambos callan un momento. Por fin el misántropo comenta:

-¿Te has dado cuenta de que han quitado la música clásica del colegio de al lado?

-¿Ponían música clásica?

-Durante una hora. Felicité a una profesora y comentó que los "amansaba".

-Seguramente alguien ha protestado ya.

-No es crítica fácil, pero en este país, y no conozco otro, parece que molesta todo lo que es normal.

-Quizás deberían haber puesto a Loquillo y los Trogloditas... o a Manzanita...

-¿No hay alguna otra maravilla periodística?

-Veamos... Sí, el obispado de Madrid recibe ocho millones de euros al año.

-¿Ocho millones? Casi como la Casa Real. Y están quejosos.

-No me extraña que no haya dinero.

-No. No lo hay... para los que más lo necesitan, como siempre.

El amigo se enfrasca en la lectura del periódico. Pasa hoja tras hoja, con expresión de hastio, y al final, comenta:

-Creo que estamos en una gran crisis de pensamiento. Todos abundan en lo mismo, en lo evidente, hasta en lo anecdótico. Pero ni un sólo artículo que ahonda sobre lo que pasa. Y sobre eso es sobre lo que queremos leer e ilustrarnos. ¿Qué pasa aquí?

-Supongo que simplemente que una clase ha vuelto a perder otra batalla, la de su libertad, tanto que se habla de ella.

-Lo que dijo Azaña ¿no? Que la libertad no nos hace más felices, sino simplemente hombres... o algo así... y en cierto sentido hemos dejado de ser, al menos, adultos,

-Todo eso ya no llega; mientras haya libertad de gasto, o su pálida sombra... el sistema se autojustifica.

-Ahora soy yo el más pesimista-dice el amigo-, y no tú. Esto tiene más calado que una lucha de clases. Alguien puede decidir suicidarse, pero también puede optar entre morir diciendo estupideces o cosas medianamente maduras. Aquí hemos optado por hacerlo diciendo tonterías.

-Pobreza cultural, será. No leemos, no abrimos nuestras perspectivas.

-¿Y se resolverían los problemas del mundo si leyéramos suficientemente?

-No lo sé, pero no diríamos tantas tonterías ¿no? Algo sería. Algo similar a lo de la libertad. Seríamos adultos, no niños caprichosos que se enrabietan por cualquier cosa, olvidando que están en juego cosas más graves.

-¿Y estaríamos todos de acuerdo en qué es lo sustancial?

El misántropo sonríe sarcásticamente:

-De boca para afuera no, pero bastaría con ir tanteando qué se quita a cada cuál y verías como todos respiramos con el mismo oxígeno. Es simple desfachatez. Además, somos bastante mentirosos. Como esa ministra, que no se le cae la cara de vergüenza por nada. ¿Cómo pueden, por ejemplo, hablar de recortes quienes habiendo hundido la economía mundial cobran sueldos e indemnizaciones millonarias?

-Volvemos entonces a lo de siempre. Falta un concepto ético de la convivencia.

-Sí, pero así dicho suena hasta pedante, profesoral. Habría que buscar una ética práctica. Por ejemplo, el asunto de los funcionarios: ¿cómo pueden decir que a España le sobran cuando están por debajo de la media? Y yendo más allá. ¿Ignoran que es inviable un Estado sin ellos? En la Restauración el sistema consistía en despedir a los del partido que le había tocado el turno de perder las elecciones. Y la administración no funcionaba. Sin ir más lejos, en EEUU están yendo a fórmulas continentales. Y aquí, como siempre, con el paso cambiado y unas gotas de bilis. ¿Y todo por qué? Simplemente para apoderarse de negocios que administra el Estado... Que al fondo de todo siempre hay un planteamiento interesado.

-Bueno, pero es que van a sus negocios. Eso es comprensible. No es tontería, sino falta de ética sí, pero el mismo egoísmo que ves en todas partes...

-Yo estoy dispuesto a incluso a defender el egoísmo, si no hay más remedio. Esa absurda mano invisible que dicen regula la economía; pero admitida esa majadería, y digo majadería porque las empresas son todo planificación y medidas colusivas, nunca perderá de vista el interés general.

El amigo se echa a reír.

-Perdona-dice.

-No, tu reacción es natural, es producto de lo que se percibe. Pero preguntémonos lo siguiente: Vamos todos en un barco de madera. Una minoría lista, o inteligente, o como se  quiera definirla, arranca tablones de la nave y se hace fogatas de las que se enorgullecen como resultado de su habilidad, mientras los demás pasan frío. Pero... ¿qué ocurrirá cuando el barco termine por hundirse?

-Sí, la listeza del estúpido. Es muy común, sobre todo por estas tierras. recuerda la historia: que a mi me saquen un ojo con tal de que a mi enemigo le saquen los dos.

-¿Cuántas guerras no ha habido que han sido una catástrofe general? Cincuenta millones la última. Ayer una película en Intereconomía poniendo una de los cincuenta en la que los nazis y sus aliados eran héroes. ¿Se puede llegar a mayor estupidez? Y obsérvales cuando debaten, cargados de suficiencia, de desprecio hacia la opinión del otro.

-Pero ellos leen-le interrumpe el amigo.

El misántropo asiente.

-Podría rebatirte diciendo qué leen lo inadecuado pero es cierto. La estupidez empieza a salir de las propias universidades. Es como si unos sentimientos torcidos se hubieran apoderado del pensamiento.

Quedan callados.

Después el misántropo pregunta:

-¿Has leído Nuestra Señora de París?

El amigo asiente.

-¿Recuerdas la escena en la que el abate, o lo que fuera, no aplasta a la araña y la dejar proseguir con  su caza?

-Sí.

-La fatalidad, nos dice Víctor Hugo por boca del cura. Siempre he tenido un gran respeto por ese autor. La razón siempre mezclada con la sinrazón, con una fuerza más poderosa que declina y renace. ¿Qué hay en la cabeza del hombre, que para subsistir necesita hacer daño?

El amigo se encoge de hombros. Piensa en lo que es materia de su profesión, la enfermedad.

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