Charlas con un misántropo. Lealtad.
29 septiembre 2010
El misántropo y su amigo caminan en silencio. El misántropo sigue dándole vueltas a la conversación que ambos han mantenido. Todos hablamos de política--piensa--, todos creemos que es una materia en la que cabe la improvisación, en la ciencia infusa. Es la única carrera que no requiere titulación, y la única en la que cualquier titulación prestigia.
"Es diputado"--piensa--.
¿Ese? ¿Y ese qué sabe de política?
Es ingeniero hidráulico.
¡Ah!
Y aún peor, no requiere experiencia. Como dijo uno del aparato del partido: Le hemos nombrado para que aprenda.
Estupenda idea".
--Pero sobre todo requiere de moralidad--continúa en voz alta.
Su amigo sufre un respingo:
--¿Cómo?
--Perdona, pensé en voz alta...
--¿Quién requiere de lealtad?
--Los seres vivos.
El amigo sonríe:
--Mucho pides.
--Sí, como que no hubiera enfermedades. En Occidente se ha perdido la moralidad. La vendimos por un plato de lentejas.
--El famoso plato--responde el amigo--. Pues hoy se mata por un reino. Sobre todo si tiene petróleo o una ruta estratégica.
--Sí, pero sin moralidad no se puede hablar de lealtad, y sin lealtad no se puede construir el progreso. ¿Y cómo no va a ser el progresa cosa de todos, de todas las clases?
--¿Otra ecuación complicada como la de mando-- inteligencia--aspiraciones, o cómo sea?
--Sí, porque todo gira alreddor de lo mismo pero con distintas palabras.
El amigo médico hace un gesto de desacuerdo:
--En ese caso, poco futuro le queda al progreso...
--Sí. El ser humano no logra comprender que provocar una epidemia en beneficio propio y en el medio en el que vive es suicida.
--¿Y cuál es esa epidemia?
--En este caso el egoismo.
--Bueno, eso ya se sabía.
--Pero es nefasto para la izquierda, para el progreso. Sé que estos programas remoralizantes resultan cómicos, y sin embargo, ¿cómo avanzar sin ellos?
--Marx ve una casi matemática en la sucesiòn de sistemas.
--Y estoy de acuerdo, pero siempre habló de los principios.
--Lo comparto, pero ahora no lo visualizo.
--Se lo comentaba a Abril: un gobierno progresista va rescatando ciudadanos de la pobreza, y los va ascendiendo de clase... ¿imaginas el resultado?
--Un resultado bueno.
--¿Seguro?
--Sí. ¿No?
El misántropo hace un gesto de duda:
--¿No se volverán esos ciudadanos en los propios ejecutores del gobierno que los emancipó?
--¿Convertidos en clase media y alta?
--¡Exacto!
--La desigualdad es la división, sí. Y siempre beneficia a los que viven en los pisos altos. Pero, el igualitarismo está desacreditado.
--Y la huelga para los medios de comunicación en manos de empresas, y que los ricos paguen impuestos, y no obedecer al párroco del pueblo... Pero hay que construir un discurso también moral.
El amigo sonríe:
--No. No es incierto. Aquí votan a la derecha los que han obtenido derechos de las izquierdas. Ya no se consideran esclavos manumitidos, sino patricios de toda la vida...
--Con una diferencia.
--¿ ?
--Que los patricios sí tiene sentido no de lealtad, sino de oportunidad. No venden sus reinos por platos de lentejas.
--¿Cenamos ahí?
--Como quieras...
Ignora cómo se podría resolver ese desclasamiento oportunista, y sin embargo, innegable. ¿Cómo convencer de que la lealtad es una de las virtudes superiores? Sin esa pieza no se compone ningún mecanismo justo ni perdurable...
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